La inestabilidad global nos recuerda que la dependencia del gas tiene un precio: Enagás calcula un sobrecoste de 920 millones en España y 50.000 millones en Europa. Ante esta realidad, que demuestra que no podemos vivir de espaldas a los combustibles tradicionales, urge acelerar alternativas reales como el hidrógeno verde.
Para que el hidrógeno sea competitivo frente al fósil, la industria busca reducir su coste a cuatro euros por kilo. Pero la tecnología no basta: Enagás reclama a Europa menos burocracia, normativas más flexibles y un impulso real a infraestructuras clave como el H2Med. Menos propaganda institucional y más pragmatismo.
El fantasma de los apagones parece alejarse gracias a la seguridad del sistema, pero Iberdrola advierte de un problema real: nuestras redes están saturadas. Su CEO exige eliminar el límite legal de inversión del 0,13% del PIB. Sin redes robustas, la reindustrialización y la transición energética se quedarán en simples promesas.
Además, la asfixia fiscal sobre la electricidad, gravada siete veces más que el gas, lastra la competitividad. En este contexto, la compañía defiende la energía nuclear como un respaldo imprescindible. Piden consenso, menos dogmatismo y alargar su vida útil dos décadas con impuestos justos para garantizar su viabilidad.
Apostar por las renovables es vital, pero la ciencia confirma lo que el sentido común dicta: el viento no siempre sopla. El CSIC ha creado el primer índice global (SWSI) para medir las sequías eólicas. Los datos revelan una caída de la intensidad del viento a nivel mundial, recordando que la intermitencia es un reto real.
Este índice es crucial para el sector energético, ya que la falta de viento ha llegado a hundir la producción eólica hasta un 20% en países como Reino Unido. Además de afectar a la generación eléctrica, estas sequías eólicas agravan la contaminación urbana y el calor. Una prueba más de que necesitamos un mix energético de respaldo.
Tras el cierre de la térmica de carbón en Meirama, la transición justa toma forma con la adjudicación de una central hidroeléctrica reversible de 408 megavatios a Coventina Renovables. Un proyecto de 400 millones de euros que demuestra cómo el almacenamiento hídrico es clave para respaldar el sistema cuando fallan otras fuentes.
Más allá de la infraestructura energética, el acuerdo exige compromisos reales y tangibles frente a la retórica política: la creación de 180 empleos directos, miles de horas de formación local y energía solar para los municipios afectados. La empresa ha depositado 52,8 millones en fianzas para garantizar que estas promesas se cumplan.
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