La apuesta por el hidrógeno verde como complemento a los combustibles tradicionales se consolida con proyectos estratégicos en España y Portugal. Repsol ha iniciado las obras de un electrolizador de 100 MW en su refinería de Petronor (Vizcaya), con una inversión de 292 millones de euros y apoyo de fondos NextGenerationEU. Este proyecto, que entrará en operación en 2029, producirá hasta 16.500 toneladas anuales de hidrógeno renovable, reduciendo 167.000 toneladas de CO₂ al sustituir hidrógeno gris. Se enmarca en el Corredor Vasco del Hidrógeno y generará unos 900 empleos, mostrando cómo la industria pesada puede avanzar hacia una descarbonización pragmática sin abandonar su base operativa.
En paralelo, Galp ha completado la instalación de una unidad de producción de hidrógeno verde de 100 MW en la Refinería de Sines (Portugal), que será la mayor de Europa al entrar en operación en 2026. Producirá 15.000 toneladas anuales, sustituyendo el 20% del hidrógeno gris y reduciendo 110.000 toneladas de CO₂. Este proyecto, parte de una inversión de 650 millones de euros, incluye también una unidad de HVO/SAF para combustibles de bajo carbono. Ambos casos ilustran una transición realista: el hidrógeno verde como vector energético clave para descarbonizar procesos industriales críticos, sin demonizar los combustibles fósiles que aún sostienen la economía.
El almacenamiento energético avanza con paso firme en España, donde Iberdrola ha puesto en operación las dos primeras grandes baterías del país en Alarcón (Cuenca). Cada una tiene 60 MWh de capacidad y 30 MW de potencia, capaces de suministrar electricidad durante dos horas a más de 13.000 hogares. Estas instalaciones, hibridadas con plantas fotovoltaicas, reducen el impacto ambiental y fueron reconocidas como Proyectos Estratégicos (PERTE), con financiación de 37,5 millones de euros. Su puesta en marcha refleja un enfoque práctico: maximizar el uso de energías renovables mientras se garantiza estabilidad en la red, sin depender exclusivamente de la generación intermitente.
Este proyecto se enmarca en un auge más amplio del almacenamiento en España, con más de 500 proyectos de baterías en trámite y una tendencia hacia sistemas de cuatro horas. Extremadura lidera en capacidad (1.393 MW), mientras que el 61% de los proyectos se ubican en la red de distribución, apostando por soluciones descentralizadas. Iberdrola también impulsa centrales hidroeléctricas de bombeo, combinando tecnologías para un respaldo robusto. Este despliegue, lejos de ser una mera propaganda verde, es una herramienta clave para integrar renovables de forma eficiente, asegurando que la transición energética no comprometa la fiabilidad del sistema.
Los datos de Eurostat para 2024 revelan una realidad energética europea diversa: la producción nuclear aumentó un 4,8%, alcanzando el 23,3% del mix eléctrico total. Francia lideró con el 58,6% de la electricidad nuclear de la UE y una dependencia del 67,3% de esta fuente, seguida por España (8,4%) y Suecia (7,8%). Mientras países como Francia y Suecia registraron aumentos significativos, otros productores experimentaron descensos, con una caída media del 4%. Estos números subrayan el papel aún crucial de la nuclear como fuente de energía estable y baja en emisiones, esencial para equilibrar un sistema que no puede depender solo de renovables intermitentes.
Por otro lado, el uso de renovables para calefacción y refrigeración en la UE subió al 26,7% en 2024, aunque con un crecimiento más lento que la media histórica. España registró una leve caída al 21,6%, alejándose de la media europea, mientras que Suecia lideró con un 67,8%. La UE exige a los Estados miembros aumentar su cuota en climatización, pero estos datos muestran que el avance es desigual y a veces insuficiente. Esto refuerza nuestra visión conservadora: las renovables son importantes, pero su integración debe ser gradual y realista, sin obviar que fuentes como la nuclear siguen siendo pilares indispensables para la seguridad energética.
Engie y Alier han suscrito un acuerdo para una planta fotovoltaica de 11,5 MW en Roselló (Lleida), con un PPA a 10 años que cubrirá el 20% de la demanda eléctrica de la papelera. La instalación, con una producción estimada de 18 GWh anuales, evitará 4.000 toneladas de CO₂ el primer año y se financia con una inversión de 5,6 millones de euros, incluyendo una subvención PERTE de 2 millones. Engie asume la responsabilidad integral del proyecto, garantizando suministro y rendimiento, lo que aporta estabilidad energética a Alier. Este modelo demuestra cómo la industria puede avanzar en descarbonización sin asumir riesgos excesivos, combinando innovación con pragmatismo.
El proyecto se suma a una planta de biomasa de 36 MWt que Alier puso en marcha en 2024, reduciendo un 98% el consumo de gas natural y evitando 91.000 toneladas de CO₂ anuales. Engie, con más de 25 años en España y 1.700 empleados, consolida así su papel como socio en la transición energética industrial. Lejos de ser una apuesta exclusiva por lo eléctrico, esta iniciativa muestra una estrategia diversificada: usar renovables donde son viables, optimizar procesos existentes y aprovechar alternativas como la biomasa. Un enfoque que evita dogmatismos y prioriza soluciones prácticas para reducir emisiones sin comprometer la competitividad.
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